Esa noche, la plaza se llenó de gente. Las estrellas comenzaron a descender lentamente del cielo, brillando como diamantes. Los niños aplaudían y los adultos miraban maravillados. Luna y Tomás observaban con ojos llenos de asombro.

De repente, una pequeña estrella, más pequeña que las demás, cayó al suelo justo frente a ellos. La estrella parecía asustada y desorientada, su luz titilaba débilmente.

Luna se acercó con cuidado y le susurró: "Hola, pequeña estrella. ¿Estás bien?" La estrella parpadeó y una voz suave respondió: "Me he perdido. No puedo encontrar mi camino de regreso al cielo."

Tomás se arrodilló junto a Luna y dijo: "No te preocupes. Te ayudaremos a encontrar el camino de regreso." La estrella comenzó a brillar un poco más fuerte, como agradeciendo su amabilidad.