Luna y Tomás miraron cómo la estrella se elevaba, dejando una estela de luz detrás de ella. Sabían que habían hecho una buena acción y se sentían felices. "Lo logramos, Tomás," dijo Luna con una gran sonrisa.

Regresaron al pueblo justo a tiempo para ver las estrellas bailar en el cielo una vez más. Todos los habitantes del pueblo aplaudieron y celebraron el regreso de la estrella. La plaza estaba llena de alegría y risas.

Luna y Tomás sonrieron y, tomados de la mano, miraron al cielo estrellado. Sabían que esa noche sería una que nunca olvidarían. Las estrellas brillaban más que nunca, como si también estuvieran agradecidas.

Cada año, cuando llegaba el Festival de las Estrellas, Luna y Tomás recordaban su aventura y siempre buscaban en el cielo a su pequeña estrella amiga. A veces, veían un destello especial que les hacía saber que su amiga estrella estaba allí, cuidándolos.

Y así, en una pequeña ciudad donde las estrellas bajan a celebrar, dos amigos demostraron que con valor y amistad, cualquier cosa es posible. Las estrellas continuaron bailando en el cielo, y la magia del Festival de las Estrellas vivió por siempre en sus corazones. Fin.